El museo de la inocencia

Ultimo aggiornamento: 21 noviembre 2019

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Es un verdadero placer publicar un artículo enviado por nuestra querida lectora Anna, a la que tuvimos la suerte de conocer en persona, junto a su marido Filippo, hace algunas semanas aquí en Estambul.

El poder de la imaginación para plasmar la realidad: el Museo de la Inocencia de Orhan Pamuk

Imaginad estar en Estambul, precisamente en Beyoğlu, y entrar en una vieja casa en el barrio de Çukurcuma, en un bello edificio de tres pisos bien restaurado, con los muros color rojo oscuro, en la esquina entre Çukurcuma Caddesi y Dalgıç Sokak. Ahora es un museo, pero hace un tiempo, durante los años 70-80 del siglo pasado, aquí vivió la familia Keskin: la joven y bella Füsün y sus padres.

Aquí Kemal Basmacı pasó, durante ese periodo, la mayoría de sus tardes con esta familia, por amor a Füsün; y aquí él ha reunido centenares de pequeños objetos, accesorios, fotografías, recortes de periódicos, documentos que él ha conservado con cuidado durante los años porque contenían el recuerdo de los momentos más intensos de esa increíble y dramática historia de amor. En esta casa, Kemal vivió los últimos años de su vida ( murió en 2007), rodeado de todos estos objetos como una forma de consuelo, pero sobre todo con el deseo de organizarlos y exhibirlos como en un museo. Justamente aquí, en esta casa, donde ha soñado con poder contar a los visitantes no solo su historia, si no también la vida cotidiana de la Estambul de esos años, la Estambul que él más ha amado.

Creo que este es el estado de animo con el que hay que entrar al Museo de la Inocencia: con la agradable y fascinante ilusión de saber que todo lo que se representa en este lugar ha sucedido de verdad. Aún si nuestra parte racional sabe que todo es ficción y que el museo es parte de un proyecto realizado por el escritor turco Orhan Pamuk, (Premio Nobel de literatura 2006) durante más de diez años. Momentos fundamentales del proyecto han sido la publicación de la novela “El museo de la Inocencia” en 2008, la inauguración del museo físico en abril de 2012 y, poco tiempo después, la publicación del catalogo titulado “La inocencia de los objetos”.

En pocos meses, el museo se ha convertido ya en uno de los destinos turísticos más frecuentadas de la ciudad, aun cuando – como acuerdan Kemal y Pamuk al final del libro, cuando este último acepta realizar libro y museo para contar la historia de Kemal – el museo nunca acepta a más de 50 visitantes a la vez, permitiendo así aprovechar con tranquilidad esa atmósfera tan especial.

La instalación, cuidada hasta el mínimo detalle por Pamuk con la ayuda de arquitectos, artesanos y otros especialistas, valora particularmente las piezas exhibidas: subiendo las escaleras que conectan los diferentes pisos, se observa una serie continua de 83 vitrinas de madera (tantas como capítulos tiene el libro, aunque algunas permanecen cerradas por incompletas), en las que los objetos (más de 700, todos mencionados en el libro) se ordenan formando verdaderas composiciones, como si fueran cuadros. Y todo – la refinada selección de las luces, los ruidos y los sonidos reproducidos en algunos puntos del museo, así como el recorrido de la exhibición que, con la misma forma de la espiral diseñada en el pavimento (donde se refleja el transcurrir del tiempo y el desarrollo de la historia) conduce al visitante hasta el desván en la cima de la casa, permitiendo contemplar desde arriba todo el museo – deviene la creación de un espacio absolutamente especial y fascinante.

Encontrar en las vitrinas los objetos que han sido parte de la historia de Kemal y Füsün, significa también conocer un pedazo de la historia reciente de Estambul, de la vida llevada en sus casas hasta hace pocos años. Por lo tanto, el Museo de la Inocencia no es solo el lugar donde se cuenta y representa la historia de amor de dos jóvenes, sino que también, y sobre todo, es un gesto de amor de Pamuk por la ciudad en la que ha nacido y crecido, por los barrios de su niñez y juventud, por las calles por las que ha caminado durante años imaginando ambientar una novela en esa casa vieja que después trasformaría en museo.

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Si por todas estas razones visitar el museo ya es una experiencia muy agradable, mi consejo es visitarlo tras haber leído la novela (además, quien lleva el libro entra gratis, ahorrándose las 25 liras del boleto: el encargado de la taquilla pone un sello con el logo del museo sobre el boleto diseñado en una de las últimas paginas del libro). Creo que conocer el texto – donde se desarrollan también temas más grandes como las costumbres sociales en la Estambul de la época, la conservación de objetos en museos pequeños y, sobre todo, el amor, el sentido del tiempo y la felicidad – es determinante para entender por completo los contenidos del museo y apreciar la originalidad del proyecto entero, donde la impalpable superposición entre ficción y realidad; entre lugares de la historia y calles/barrios de la ciudad; entre protagonista y autor de la novela; no puede dejar de conquistar a los lectores y visitantes más atentos. Y el catálogo integra maravillosamente la descripción de esta aventura que ha visto crecer al mismo tiempo la novela y el museo, describiendo la génesis y el desarrollo desde la primera idea en 1982 hasta hoy.

Es fácil llegar al museo: recorriend0 la estrecha Postacılar Sokağı, que baja desde Istiklal Caddesi en dirección al Bósforo, convirtiéndose en Tom Tom Kaptan Sokak (donde se encuentra el Consulado Italiano), se llega a Çukurcuma Caddesi, cerca del hamam del mismo nombre. Desde aquí ya es posible ver, cien metros más adelante, el bello edificio que hace esquina, color rojo oscuro, construido en 1897 y comprado por Pamuk en 1999.

En unos diez minutos de camino, es posible pasar desde la caótica calle de Istiklal al corazón de Çukurcuma, un tranquilo barrio en evidente fase de recalificación, donde encontrarás muchas tiendas de antigüedades y chatarreros, pobladas por objetos antiguos, arrojados de las casas de una Estambul que apuesta por el cambio y la modernidad. Fue también en estas tiendas en las que el coleccionista Pamuk compró piezas para exhibir en su museo, además de las muchas piezas reproducidas por artesanos o recibidas de amigos para su ambicioso proyecto.

Otro motivo de la atracción del museo es la posibilidad de referir a los personajes y las situaciones en lugares reales de la ciudad: no solo el edificio del museo y las calles de alrededor, sino también las calles de Nişantaşı, elegante zona al norte de Plaza Taksim donde está ambientada la mayoría de la novela, o las viejas casa en madera de Fatih – barrio al oeste del Cuerno de oro, fuertemente vinculado a la tradición islámica – o los yalı a la orilla del Bósforo.

De hecho, todas las novelas de Pamuk están ambientadas en las calles de Estambul donde él ha vivido y sigue viviendo. Ha cogido lo que estaba en las paginas de su novela, El museo de la inocencia, y lo ha trasformado en algo material, físico, un espacio para ser explorado con todos nuestros sentidos: ha construido el Museo de la Inocencia. Un lugar único en el mundo, una joya en el corazón de Estambul: la celebración del amor, de la memoria, del poder, de la imaginación, de plasmar la realidad”.

En la página de internet www.masumiyetmuzesi.com es posible encontrar toda la información sobre los contenidos, las actividades, los horarios y las reservas para el museo.

Una última cosa. En la novela Kemal anuncia: “El Museo de la Inocencia estará siempre abierto para lo enamorados que no encuentran un lugar en Estambul donde besarse”. Yo también besé la persona que amo en el desván, frente a la cama donde hacían el amor Kemal y Füsün, cama que el mismo Kemal quiso subir allí arriba para qué el museo fuera para siempre su casa. Y fue algo bellísimo.

Anna Rita Severini

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